top of page

Tarot y poesía: aprender a mirar la vida de otro modo

  • Foto del escritor: Silván Álamo
    Silván Álamo
  • 7 feb
  • 2 Min. de lectura

Chico mira su reflejo en el escaparate de un a tienda de disfraces y se imagina en una escena medieval

¿No te ocurre que hay momentos en los que el propio lenguaje se queda corto para describir una experiencia? Que las palabras suenan rígidas, insuficientes, y no alcanzan a nombrar lo que realmente estamos viviendo. La experiencia va por delante del discurso.


De ahí nace algo que conocemos bien: LA POESÍA.

No como un simple adorno cursi, sino como una forma distinta de expresar y de comprender. Una manera de razonar que no busca encorsetar los significados, sino abrirlos, sugerirlos, dejarlos vibrar a su antojo. Y es que la poesía no explica conocimiento, sino que lo revela.


Con el Tarot ocurre algo muy parecido.

Cuando nos acercamos a él desde un enfoque evolutivo, no lo usamos para obtener una visión cerrada del mundo, sino precisamente para expandir sus experiencias. El Tarot educa nuestra mirada para percibir procesos, aprendizajes, motivaciones que subyacen en la capa simbólica de la realidad.


En las primeras etapas del aprendizaje del Tarot, miramos la vida reflejada en las cartas. Reconocemos en ellas emociones, conflictos, etapas, aprendizajes. Pero, poco a poco, ocurre algo aún más profundo, y es que esa mirada simbólica se traslada a la vida misma.



Una lago sobre cuya superficie se expanden ondas

Entonces ya no es solo el Tarot el que habla de las experiencias.

Es la experiencia la que empieza a hablar el propio lenguaje del Tarot.


Las situaciones cotidianas se llenan de sutilezas. Aprendemos a reconocer ciclos, repeticiones e impulsos que interpretamos como arquetipos. Un pájaro nos alegra el día porque representa la libertad, un grupo de amigos nos remueve de emoción porque sentimos el Tres de Copas, y una boda a la puerta del Ayuntamiento nos recuerda la importancia del hogar en el Cuatro de Bastos.


Por eso digo que aprender Tarot no es memorizar significados. Sino afinar la sensibilidad hacia nosotras y el mundo. Nos entrena para estar más despiertas en la vida, más conectada y más consciente de los procesos que atravesamos.


Cuando miramos así, algo cambia.

La experiencia deja de sentirse caótica o sesgada y empieza a leerse como un relato viviente, un aprendizaje continuo, una poesía en directo. No para intentar controlarlo, sino para comprenderlo a medida que se desvela.


Quizás de eso trate el camino del Tarot:

de aprender a vivir de un modo más poético.

De permitir que los símbolos se explayen.

De entender que la vida nos habla cuando escuchamos.


De la carta Seis de Copas del Tarot salen los dos niños con flores en la mano

Hoy en el Pórtico de Aire, te invito a mirar tu realidad como si estuviera compuesta por símbolos.

Sin prisa. Con sensibilidad. Con Tarot y poesía.

Como quien lee un poema que no quiere ser explicado, sino experimentado.

 
 
 

4 comentarios


Invitado
15 feb

jamás lo hubiera visto así si no me lo cuentas, la verdad

Me gusta

Rosa María
Rosa María
08 feb

Las imágenes preciosas también

Me gusta

Rosa María
Rosa María
08 feb

Muy bien expresado y bonito como siempre Silván y gracias.

Te animo a escribir un libro.

Un saludo.

Rosa.

Me gusta
Silván Álamo
Silván Álamo
11 feb
Contestando a

Muchas gracias, Rosa. Me alegra mucho de que disfrutes del Boletín, y de aquí a 5 años espero escribir algún libro, te agradezco mucho los ánimos en este sentido! Yo también te animo a seguir con tu evolución en el Tarot, y claridad que tienes para estructurar conceptos 💝

Me gusta
bottom of page