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El arte del silencio: lo que La Sacerdotisa sabe y el mundo ha olvidado

  • Foto del escritor: Silván Álamo
    Silván Álamo
  • 14 feb
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 18 feb


¿Cuánto fue la última vez que preferiste no hacer nada?


No hablo de aplazar tal o cual asunto. Hablo de decidir, simplemente, no intervenir.


Vivimos en plena aceleración.

Si algo se rompe, corremos a arreglarlo.

Si alguien nos escribe, contamos los minutos que tardamos en responder.

Si nos surge una duda, como un rayo buscamos la respuesta.

Hemos aprendido que nuestro valor está exclusivamente en lo que hacemos.


Pues aquí va una pequeña e incómoda verdad:

No todo se resuelve haciendo más y más.

(A veces, de hecho, cuando más hacemos, peor).


Y es que el miedo al vacío nos impulsa a llenarlo. Ahí es donde La Sacerdotisa nos reclama.



La trampa del “hago, luego existo”


Imagina que estás en una conversación algo tensa. Sientes el impulso de explicar mejor tu versión, de justificarte y argumentar todo.


Ahora imagina que, simplemente, no lo haces.


¿Y qué haces en cambio?

Escuchas. Observas. Decides esperar.

Ese gesto, aparentemente pequeño, lo cambia todo.


La Sacerdotisa representa ese punto exacto donde la reacción queda relegada a un segundo plano. Ella no compite, no se impone, no tiene prisa.


No exhibe su poder, sino que lo concentra, lo guarda, lo madura.

En un mundo que mide nuestra valor por lo que mostramos, La Sacerdotisa plantea un tipo de conocimiento que no necesita de los aplausos.



Escucha la imagen,

contempla la música


El Arcano de La Sacerdotisa dentro de una cueva con una fruta de la granada abierta en las manos y un velero a sus pies

Te propongo algo muy simple:


1. Coloca la carta de La Sacerdotisa frente a ti u observa la imagen.

2. Reproduce la canción que está al inicio del post.

3. Aún no leas la letra.


Solo observa.


[Letra]

Clara y cristalina el agua

se filtra de entre las grietas,

y a pulso eterno de gotas

inunda cada rincón

de mi granado corazón.


Abierta a mis emociones

como la vela de un barco

soplada desde los mares

hasta traspasar el arco.


Abre la vela,

que sople, sople el silencio.

Escucha, escucha lento,

y adéntrate en la cueva.


Las columnas de mi templo

se asientan en lo profundo,

donde habitan los misterios

abisales de este mundo.


El son del agua se siente

en el temblor reflejado

de una luna creciente

de intuiciones derramadas

y secretos revelados.


Abre la vela,

que sople, sople el silencio.

Escucha, escucha lento,

y asoma entre las telas.


Tras el umbral de la cueva

guardo sabios misterios

de piedra, agua y niebla.


Abre la vela,

que sople, sople el silencio.

Escucha, escucha lento,

y sigue, sigue la estela...


[Letra de Silván Álamo]


Un velero deja una estela mientras se aproxima con el viento en popa a toda vela hacia el interior de una cueva dorada

Un poder que no necesita permiso: La Sacerdotisa


La Sacerdotisa no representa la sumisión. No es indecisa ni débil.

Su enseñanza es saber que no todo merece nuestra energía.


Hay una fuerza radical en decidir no exponernos constantemente. En saber que no todos los pensamientos han de ser expresados para cobrar sentido. En no convertir cada intuición en un argumento.


Ese espacio interno, esa cueva navegable, es donde reside la fuerza de tu criterio.

Cuando la reconoces, se convierte en templo.

 
 
 

7 comentarios


Invitado
16 feb

Me ha encantado escuchar la canción mirando la imagen ya que fui entendiendo la profundidad del mensaje de la sacerdotisa.☺️

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Invitado
15 feb

Preciosa la música y el relato, me ha llevado a sentir paz y relajación interior, también a entender a la Sacerdotisa desde otra mirada.

Gracias!! Silván.

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Invitado
15 feb

Ha sido precioso escuchar la cancion y ver mientras la imagen del arcano

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Juan Missoni
Juan Missoni
15 feb

Muchas Gracias, es algo novedoso para mi. Excelente domingo

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dianaduch
15 feb

Consejo que me llega como una señal, justo hoy escribía en mi diario sobre una situación de la semana pasada y el aprendizaje ha sido el de la sacerdotisa. Gracias por compartir tu arte, tu sabiduría y tu maestría.

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