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La Rueda de la Fortuna, el eterno baile

  • Foto del escritor: Silván Álamo
    Silván Álamo
  • 9 ene
  • 3 Min. de lectura

¿Qué nos enseña el símbolo de la rueda sobre el arte de vivir?


Hay símbolos que parecen brotar una y otra vez, de manera espontánea, allí donde el ser humano intenta descifrar el misterio del tiempo. La rueda no es solo un ingenio técnico; es, ante todo, una vivencia. Representa esa intuición antigua de que nada permanece estático y de que la vida, lejos de ser una línea recta con un destino fijo, es un movimiento continuo que se transforma mientras avanza.


rueda de piedra con signos astrológicos en medio del bosque

La Rueda de la Fortuna: Más allá del azar

En la tradición del Tarot, esta idea cobra vida en la Rueda de la Fortuna. A menudo cometemos el error de ver en esta carta una simple moneda al aire que trae suerte o desgracia. Sin embargo, su mensaje es mucho más profundo: nos recuerda que la experiencia humana es un devenir circular donde cada giro reordena nuestra realidad. Este arcano no pretende consolar ni explicar el porqué de las cosas; simplemente muestra que las posiciones se invierten y que los estados anímicos se trastocan. Al final, nos obliga a aceptar una verdad a veces incómoda: que la estabilidad absoluta no forma parte del pacto con la vida, sino que somos parte de un engranaje que sigue girando y girando, sin pedir permiso, al igual que los derviches replican el giro armónico del cosmos.


De la Grecia clásica al pensamiento budista

Estatua de mármol de la diosa griega Tique, sujetando la rueda de la fortuna y el cuerno de oro

Esta conciencia sobre la fragilidad de lo que creemos seguro ya latía con fuerza en la Grecia antigua. Allí, la figura de Tique, la diosa de la fortuna cambiante, recordaba que la posición

humana es inestable por naturaleza. No se la temía por ser malvada, sino porque su rueda señalaba la reversibilidad de todo lo que hoy parece firme. Se la temía como se teme al cambio que amenaza nuestra paz.




Ese mismo eco resuena, aunque con un matiz distinto, en la sabiduría budista a través del Bhavachakra o Rueda de la Vida, a veces denominado Samsara. Aquí es vital hacer una distinción que a menudo se nos escapa:

Tapiz colgado en la pared del Bavachakra, rueda de la vida del budismo
  • El Bhavachakra es la imagen, el mapa visual que podemos observar.

  • El Samsara es el proceso vivo, el ciclo de renacimiento y aprendizaje que esa imagen representa.

En este contexto, la rueda no funciona como un castigo, sino como un principio activo de aprendizajes. No giramos porque hayamos cometido un error, sino porque el movimiento es la herramienta necesaria para que la comprensión florezca.



El cielo y los mapas del cambio

Incluso cuando elevamos la mirada, encontramos que el tiempo se organiza bajo esta misma geometría. La astrología no entiende el año como una flecha, sino como un ciclo zodiacal donde cada signo aporta una cualidad única.

Engranajes dorados de un reloj

Al completar una vuelta, regresamos al punto de partida, pero nunca somos los mismos: el tiempo no se limita a repetirse, sino que se profundiza en cada giro, permitiéndonos habitar los mismos lugares desde una nueva madurez.

Este orden circular también está presente en herramientas cotidianas que nos ayudan a medir el tiempo y la dirección:

  1. El reloj: que convierte el flujo invisible del tiempo en un giro constante.

  2. La brújula: que organiza el espacio en un círculo para ofrecernos una dirección.


Vivir significa cambiar

Comprender la Rueda de a Fortuna no consiste en intentar detenerla ni en angustiarse por su próximo movimiento. La verdadera lucidez nace de reconocer en qué momento del ciclo nos encontramos y permitir que ese ritmo haga su trabajo. Al fin y al cabo, en la rueda de la vida, nada permanece fijo, pero nada se pierde del todo: todo se desplaza para volver a encontrar su lugar.


Imagen del arcano mayor de la Rueda de la Fortuna, con los cuatro arcángeles en cada esquina y Anubis sentado encima

 
 
 

1 comentario


Rosa María
Rosa María
11 ene

La rueda de la fortuna parece representar bastante al planeta girando y cambiando.

Gracias Silván por otra aportación.

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